Anduvimos en medio de la penumbra con la caricia helada del viento de agosto. Como si los caminos del deseo hubieran proyectado hacia adelante el devaneo de un fantasma. Ese colapso –mitad humo, mitad estupor- de cuerpos que la distancia maduró caprichosamente. Nos besamos y la voz lunar se descontroló.
(“Porque no habría resultado”, dijiste en un hilo de voz, “y las cosas toman rumbos impredecibles”. Era cerca del final de los ´90, cuando preparabas tu viaje a Londres. Importarían muy poco los paseos, un helado, la boca turbia).
En la vieja estación recuperamos aquel motivo soñado: una fecha para dilatar la idea del compromiso, semejantes a dos marionetas en el vacío.
(El animal seguía trabajando meticulosamente; cada nueva cita se balanceaba entre la desazón y la pelea).
Entonces pudo más lo profundo: ese roer llevado hasta el paroxismo, una luz que surgió entre las farolas de la plaza, la silueta que persiguió vanamente a dos murciélagos para extender la noche.
HUGO PATUTO
viernes 28 de agosto de 2009
"AGUAS Y CENIZAS" (21-08-09)
domingo 28 de junio de 2009
COMO TRIBUTO AL RIO DE LOS CUERPOS
Por esta cifra los caminos alcanzan
y la piedra que fue ternura o laurel;
por este sentido más allá de lo verde
nuestra forma con señales del asombro.
Vaciarán el retrato donde la noche
libró incontables batallas mostrando
un dibujo que sueña espigas
como tributo al río de los cuerpos.
Entonces la quietud conmovedora,
el aire poblado de manzanas,
mi regalo bien cerca
y tu silencio furtivo.
y la piedra que fue ternura o laurel;
por este sentido más allá de lo verde
nuestra forma con señales del asombro.
Vaciarán el retrato donde la noche
libró incontables batallas mostrando
un dibujo que sueña espigas
como tributo al río de los cuerpos.
Entonces la quietud conmovedora,
el aire poblado de manzanas,
mi regalo bien cerca
y tu silencio furtivo.
sábado 30 de mayo de 2009
sábado 4 de abril de 2009
LA MIEL DE FEBRERO (Cuento)
“Me lleno de hormigas”, piensa, “y la mañana surge como un desafío”. Enseguida pasa revista a una serie de imágenes (agolpadas en su mente como recuerdos precisos): el atardecer sobre el río Paraná, la hilera de plátanos que hace más grande la calle principal del pueblo, la sombra de un camión cargado con bobinas de chapa, las pastillas de goma. Sabe que las hormigas traen la idea de algo dulce, intensamente dulce, aunque salta de la cama. Desbordante de alegría busca la complicidad de la ducha. El cabello renegrido y los ojos color miel tan cerca de las curvas que no se doblegan con facilidad; el agua la invita a presumir. Ahora la sed vuelve a su garganta como un puñado de arena caliente. Por años ha convivido con ese temible fantasma.
“Salir de una vez”, piensa, “para tener mi clase de yoga, acordar un turno con la señora que depila y preparar el almuerzo”.
Queda por unos minutos con la mente en blanco. Mira a su alrededor: la mujer ha partido llevándose los caminos del espejo. Las piernas hinchadas, el vientre como un sueño blando y torpe, todavía más difuso por las huellas de la insulina. Está sentada, como la mayor parte del día.
Imagina que cruza un puente vestida con un traje de amianto. Y debajo de la piel ese involuntario millón de hormigas.
- Eva, la reclaman –dice una muchacha delgada, remera azul francia y pantalón blanco-. Venga conmigo.
- ¿Te conozco? –le pregunta, disimulando el inconveniente de sus pasos lentos-. Debe hacer bastante que trabajás en este lugar…
La enfermera no contesta, segura de haber repetido “Tres años, Eva” infinidad de veces.El hormigueo del mundo se le ocurre peligroso. Y se deja acompañar. Febrero estalla en la puerta.
“Salir de una vez”, piensa, “para tener mi clase de yoga, acordar un turno con la señora que depila y preparar el almuerzo”.
Queda por unos minutos con la mente en blanco. Mira a su alrededor: la mujer ha partido llevándose los caminos del espejo. Las piernas hinchadas, el vientre como un sueño blando y torpe, todavía más difuso por las huellas de la insulina. Está sentada, como la mayor parte del día.
Imagina que cruza un puente vestida con un traje de amianto. Y debajo de la piel ese involuntario millón de hormigas.
- Eva, la reclaman –dice una muchacha delgada, remera azul francia y pantalón blanco-. Venga conmigo.
- ¿Te conozco? –le pregunta, disimulando el inconveniente de sus pasos lentos-. Debe hacer bastante que trabajás en este lugar…
La enfermera no contesta, segura de haber repetido “Tres años, Eva” infinidad de veces.El hormigueo del mundo se le ocurre peligroso. Y se deja acompañar. Febrero estalla en la puerta.
sábado 21 de marzo de 2009
ESA FRUTA QUE DESANDA LA NIEBLA
La maniobra del sol nos aguarda:
una promesa, lo soñado, tu melodía
frente al orden corporal y la calle
abierta como un espejo.
Hemos venido a señalar otra ruta
sin el orgullo de quienes piden
a un costado del miedo
la sombra para vivir esperando.
Esa fruta que desanda la niebla
te saluda con hervor de chicharras
en el momento preciso
de las llaves y del viento.
una promesa, lo soñado, tu melodía
frente al orden corporal y la calle
abierta como un espejo.
Hemos venido a señalar otra ruta
sin el orgullo de quienes piden
a un costado del miedo
la sombra para vivir esperando.
Esa fruta que desanda la niebla
te saluda con hervor de chicharras
en el momento preciso
de las llaves y del viento.
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